El cigarrillo ya esta gastado mas de la mitad y no es el primero, la mente sigue oscura, los ojos solo ven la punta del zapato, la ropa que llevo casi nunca combina y mi mirada no deja de ser caída, esta calle no deja de parecerme larga, oscura y entrampada no encuentro la salida y me siento perdido. Acabo de enterarme con mucha sorpresa que mi novia se acuesta con otro que finge ser mi amigo, sinceramente no entiendo por que me esta pasando esto, me cuestiono una y otra vez si hice algo malo y no hallo razón suficiente para tanta bajeza, ellos no saben que ya me entere de todo y seguro fingirán una ves mas en el próximo encuentro y yo en verdad ahora no se de que forma mirarlos a la cara, siento tristeza, rabia, pena de mi por que soy el ultimo en enterarme, la mayoría de la clase ya lo sabia y seguro que alguno de ellos se burlaba de mi a mis espaldas y a otros a lo mejor les daba pena como me lo doy en este momento. En mi ciego caminar por la acera acabo de patear una botella de vidrio y al estrellarse contra el piso acaba de romperse, hago una analogía de mí y de aquella botella por que ambos estamos destrozados, resulta que una vez rota ya no es botella, vendrá el basurero la recogerá y en algún lugar ira a dar; yo estoy destrozado pero sigo siendo yo, nadie vendrá a llevarme pero quiero ir a dar en algún lugar tal como esa botella, en un lugar de donde si fuera posible no tuviera que regresar por que no quiero sentirme pateado otra vez. En medio del suburbio de esta ciudad trato de pensar en hacer algo, algo que arranque de mi mente todo este cargamontón inesperado; estoy en el paradero del microbús y no se que línea abordar pasan para el norte, sur, este y para el centro pero yo sigo tan aturdido sin saber a donde ir, las luces de los vehículos empañan mi vista y decido subirme al primer autobús que pare frente a mi vaya a donde vaya. En mi mente están los recuerdos con ella, las tardes en las bancas del bosque, los almuerzos apresurados, las caminatas para llegar a su casa, las mañanas en el bus camino a la universidad, los viajes y un sin numero de recuerdos que ahora pasan por mi mente como diapositivas una tras otra y no hay quien las detenga; el bus voltea a la izquierda y se dirige al centro de la ciudad veo el reloj en mi celular y esta marcando las 9:30 p.m. son pocos los que viajan conmigo, el bus se esta quedando cada vez mas vacio en cada paradero de pronto veo a través del sucio cristal unas féminas juntas muy atractivas que aun en el frio lucen cortas prendas dejando poco a la imaginación; me levanto del asiento y ordeno que se detenga el bus y a paso lento desciendo del bus, en aquel paradero yacen sentados dos mendigos que le estiran la mano con una taza vacía a cualquiera que pase, me detengo a verlos, olvidando por un instante la razón por la que baje inesperadamente del bus, meto mi mano al bolsillo y haciendo una separación mental con el tacto cojo las monedas mas pequeñas me acerco a uno de los mendigos y coloco mis monedas en su taza, al dar la media vuelta ya se lo que pasara con mi moneda pero puedo escuchar que de inmediato las guarda en algún otro lugar, ahora entiendo por que siempre esta vacía la taza; camino lentamente por la acera del frente como desinteresado en lo que pasa del otro lado, me acerco a la intersección y espero el cambio de luz que parece demorar mucho, parado ahí viendo pasar cientos de carros y vuelven las imágenes de los recuerdos junto a ella estoy como ido y con la mirada perdida y en el instante que vuelvo en mi el semáforo ya cambio nuevamente en mi contra, el viento que hacen los carros al pasar azota mi cara nuevamente haciéndome tiritar sin pausa; al cabo de unos minutos me encuentro cruzando por la mitad la avenida y vuelvo hacerme el desinteresado, al llegar al otro lado disimulo no ver a esas proxenetas por las que baje del bus y avanzo por una avenida mas angosta intentando pasar desapercibido.
Siento que alguien se acerca por detrás y no quiero pensar nada malo pero evito mirar lo que sucede a mis espaldas, por el sonido de los tacos al caminar imagino que es una mujer por lo que en esta ves apelo a mi superioridad como varón y siento que podre dominar cualquier situación, la calle se esta terminando y no se por donde continuar, veo frente a mi una suerte de cine a media luz y el sonido de los tacos se aceleran y parece que pronto me adelantara, en cuanto llego al final de la calle me veo obligado a parar para no ser atropellado y se termina la carrera de mi valentía frente a al temor, enseguida se para a mi izquierda una señorita quien luce muy despreocupada a diferencia de mi, al captar mi mirada me lanza una sonrisa imposible de no responder con el mismo gesto y darle el suficiente empalme como para iniciar una conversación; con el miedo un poco mas disipado, sabiendo que es lo que busca la señorita a mi lado y sintiendo que no tengo nada mas que perder hago un sondeo mental a mi billetera y le pregunto si me puede llevar a la cantina mas cercana a lo que muy coqueta y risueña intenta tomarme del brazo, mas no lo permito frunciendo el rostro y dando un paso sin dirección, pronto ella empieza avanzar y yo voy siguiéndola, hago una perspectiva de lo que estoy haciendo y me veo horrible con esa ropa que no combina , la mochila como caparazón de tortuga, mis lentes cuadrados y siguiendo a una prostituta.
La bulla es ensordecedora es imposible oír si alguien comenta algo, este ambiente a media luz me perturba, me desorienta, pienso mil cosas en un segundo y no pienso nada. Acabo de recordar como vine a dar en este antro de mala muerte, sentado frente a una dama de compañía, con una jarra de cerveza reciclada, un par de porritos suministrados y adiós los recuerdos de esa traición. En el escenario hay una dama que baila sensualmente intentando mostrar más de lo que puede para el deleite de los varones que parecen sedientos de esa vorágine de pasión que imaginan viendo a la bailarina, por mi parte intento mantenerme sereno y no hacer el papel de un tonto embriagado, aunque tengo inmensas ganas de coger esa jarra y romperla en el piso, patear las mesas, y gritar hasta quedarme sin voz, si tuviera el mar en frente me lanzaría y nadaría hasta mas no poder y si tal vez moriría no objetaría por que pienso que ya no tengo sentido en esta vida sin la persona que yo amaba. Me gustan las mujeres pero estoy desquiciado, voy a la barra como quien va por una jarra más y me pierdo entre la gente, salgo de prisa de ese muladar y supongo que mi dama ocasional esperara tal vez imaginando que tendrá que soportar a un borracho mas en su alcoba, pero no, yo jamás prometí serle fiel y menos en esa noche; al llegar a la calle me siento mas desorientado debe ser por el cambio de temperatura, intento correr para llegar mas rápido a la avenida y escapar de esta finca de tiburones y lobas, pero al llegar a la avenida me doy cuenta que estoy sin mochila, aun estando en la avenida no me siento a buen recaudo y regresar por mi mochila seria una locura, por un momento recuerdo que tengo dentro de ella y no vale la pena, me cercioro del dinero que llevo en la billetera y sin saber que dirección seguir abordo el primer bus que pasa, después de varios minutos se que llegare muy cerca de la playa, es un buen lugar como para relajarse y si soy victima de un asalto ya no me importa.
El efecto narcótico de los cigarrillos y la cerveza me tienen movido de la cabeza, por suerte es un día de verano y la temperatura no descendió tanto, no recuerdo bien como llegue hasta aquí pero al abrir los ojos puedo ver el todo y la nada, el vaivén de las olas le dan la armonía a mi despertar. Intento hacer memoria de la víspera, pero mejor no vuelvo al principio de la historia, un grito desgarrador y un par de lágrimas luego miro al cielo y el mar para entender y aceptar que me fui al inicio de un nuevo comienzo. Por suerte existe un esperanzador mañana.

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